LA DEFENSA DEL PATRIMONIO CULTURAL

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LA DEFENSA DEL PATRIMONIO CULTURAL

LA DEFENSA DEL PATRIMONIO CULTURAL

 

Dra. Sara Núñez de Prado Clavell

Universidad Rey Juan Carlos

Grupo de investigación emergente CORSIES

Miembro del Consejo asesor del Hispanic American College (HAC)

 

Existe una tendencia en los últimos tiempos que, si bien teóricamente se desarrolla en cierta medida en nombre de la democracia y de los derechos humanos, en realidad tiene un aspecto perverso que se está utilizando para destruir de manera indiscriminada toda aquella riqueza histórica que a una parte de la sociedad no le gusta. Desde mi perspectiva esta propensión inició con la aparentemente inocente práctica de pedir perdón por acciones que habían llevado a cabo nuestros ancestros, como si ello hubiera sido responsabilidad de los que hoy habitamos en esta tierra.

 

De ese, incluso podríamos considerar, amable aunque intencionado hábito, se ha ido evolucionando (o degenerando) hacia actividades mucho más dañosas encaminadas a extinguir el patrimonio cultural sobre una base totalmente errónea y sobre todo ignorante de la realidad. Este camino de evolución negativa ha ido acentuándose con el paso del tiempo. Así, recuérdese que cuando los talibanes arrasaron con los grandes budas del valle del Bamiyán en 2001 o cuando el ISIS prácticamente destruyó las ciudades de Palmira o Apamea, la comunidad internacional se echó las manos a la cabeza ante un atentado de ese calibre a la cultura universal.  Mientras que ahora, el ataque a determinadas estatuas que encarnaban el patrimonio hispánico (aunque no han sido las únicas que han sufrido vandalismo) han sido interpretados desde una perspectiva muy diferente e incluso justificadora de esas acciones.

 

Cierto es, asimismo, que no son éstas las únicas manifestaciones que conllevan destrucciones de patrimonio. Igualmente habría que contemplar aquellos atentados a la cultura material de la humanidad provocados por remodelaciones arquitectónicas, construcciones de infraestructuras o similares, que son de la misma manera reprobables, pero este escrito se enfoca en las recientes acciones que tienen un claro componente político y sobre todo ideológico.

 

Y ello es así porque en los recientes meses hemos asistido a un rebrote de esas prácticas confusas y oscuras escondidas bajo el manto de un movimiento revisionista en las que lo que se ha atacado, entre otros, ha sido el patrimonio hispánico y en donde algunas de las acciones más llamativas han sido las que han conllevado un vandalismo irracional que ha tenido como consecuencia el destrozo y derribo de estatuas como la de Pedro de Valdivia, Cervantes, Cristobal Colón o Fray Junípero Serra, por citar sólo algunos ejemplos. Y lo que aún es más grave, es que todo ello, se supone que se ha llevado a cabo en defensa de la democracia, los derechos humanos y la identidad nacional. Acciones que además han estado defendidas, y en ciertos casos apoyadas, por determinados grupos o partidos políticos, incluido tristemente algún partido del populismo de izquierda español.

 

Pero el problema es más amplio aún, pues también hay que llamar la atención sobre el hecho de que existen otras operaciones mucho más sutiles y menos llamativas, pero más efectivas a largo plazo que están insertas en líneas ideológicas determinadas, como por ejemplo la política que puso en marcha el presidente chileno Piñeira, quien retiró las ayudas económicas que en forma de becas predoctorales se concedían a los estudiantes que querían viajar a España para especializarse en su historia. La financiación pasó a cubrir solo a los que marchaban a estudiar en universidades de otros países, como las californianas.   Y tampoco se puede dejar de hacer referencia a los ataques que está recibiendo la lengua española, así como también ciertos grandes nombres de la literatura hispana, que se han intentado relegar al ostracismo por considerarlos desde una perspectiva actual, reaccionarios, racistas u otras razones culturalmente relevantes (entiéndase la ironía). Idioma español que, no se olvide, y probablemente eso es lo que más molesta, es la segunda lengua más hablada del mundo con más de 570 millones de hispanohablantes y la tercera más utilizada en internet. Esta cruzada contra el español tiene como uno de sus adalides, entre otros, al presidente Trump, que no esconde su antipatía hacia la presencia del idioma español en los Estados Unidos. Es el famoso “English only”. Y más allá de sus diatribas en contra del español, no pueden caer en el olvido ciertas políticas que cada día tienen más presencia, como la eliminación del programa DACA. O las medidas a favor de la oficialidad del idioma inglés y en detrimento de la posibilidad de que la enseñanza siga siendo bilingüe o incluso pueda seguir impartiéndose en español.

 

Es fundamental que no se deje de tener presente que una de las primeras cosas que se enseña (o se debe enseñar) a los estudiantes de historia y que todo el mundo debe conocer es que no se puede juzgar el pasado desde la perspectiva actual. Los hechos han de ser estudiados, analizados y en su caso, criticados, desde los contextos propios en los que se desarrollaron. Cualquier otro acercamiento a los acontecimientos de la historia, no solo es erróneo, sino también injusto y habitualmente malintencionado. Por ello, toda esta dinámica actual encaminada a juzgar la historia desde los lineamientos del presente en lo que está derivando es en una política de revisión errada, pero no por ello menos interesada, negativa e ideológica. Tanto los gobiernos afectados, como también la academia tienen la obligación de alzar la voz contra esta corriente que dinamita los cimientos de los estudios de la Historia y del patrimonio cultural íntegro y real de los pueblos, con sus aciertos y sus errores, sus luces y sus sombras, que de todo hay y todo debe ser estudiado y analizado, pero de manera coherente, justa y sobre todo honesta.

 

Pero no solo existe la obligación de denunciar esta situación, sino también se deben poner en marcha mecanismos que contrarresten los ataques indiscriminados y que expliquen las circunstancias reales del desarrollo y evolución de los pueblos. Desde el mundo universitario, sería interesante, por ejemplo, que las agencias y organismos de evaluación de la calidad académica y docente desarrollasen índices (que no rankings) de los niveles del prestigio real alcanzados por las universidades del entorno hispano a partir de cuantificaciones adecuadas y propias de nuestros ecosistemas y contextos. Índices que, por supuesto tienen que ser imparciales, claros y no interesados, pero que no estén supeditados a los parámetros pensados para el ámbito anglosajón.

 

En definitiva, es necesario que se alce la voz contra la defensa indiscriminada e irracional de los que preconizan el establecimiento de una sociedad abierta basada en la defensa de códigos universales que por muy bonito que suene, lo que realmente esconde es la negación de los patrimonios culturales contrarios a determinadas ideológicas. No se puede seguir fomentando con el silencio ni con la pasividad una tendencia que nos aboca a una disolución cultural cada día más acentuada, como tampoco se puede ser cómplice de una política que en una teórica, pero falsa y torticera defensa de, por ejemplo, los patrimonios originales indígenas, lo que realmente está haciendo es poner en práctica un concepto política e ideológicamente interesado que nos está llevando a la perversión de la cultura. Realmente, este mundo de la postverdad, como algunos lo han calificado, es más bien el mundo de la verdad distorsionada e incluso de la mentira.

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