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“El legado hispano en EE.UU” por Fernando Navarro

Vivimos tiempos extraños en los que cualquier disparate tiene cabida si sabe disfrazarse de «buena causa», como lo es la lucha contra el racismo. Pero no es aceptable la violencia iconoclasta que ha suscitado en muchas ciudades del mundo y especialmente de los Estados Unidos, cuna de nuestras modernas democracias. El derribo de monumentos dedicados a Colón, Fray Junípero, Hernando de Soto o Ponce de León no solo es una afrenta a nuestra historia compartida sino también una muestra de analfabetismo disfrazado de «santa ira». España y los Estados Unidos hemos conformado casi de forma sucesiva la historia del mundo moderno. Contamos con paginas negras, pero también con episodios sublimes. Los Estados Unidos han preservado su historia como merece, pero

 en España ese respeto al pasado se asocia injustamente al pensamiento reaccionario. Por eso somos uno de los pocos países en dónde la exhibición de la enseña nacional es sospechosa, el uso de la lengua común es perseguido en muchas partes de nuestro territorio y la «Leyenda Negra» cuenta con fervientes proselitistas.

Pero volviendo a la cuestión inicial, la fiebre iconoclasta que sigue arrasando numerosas ciudades de los Estados Unidos creo que es violentamente irracional por tres razones: es un anacronismo ético evaluar el pasado con los criterios morales del presente. Y lo es también flagelarse por pecados de personajes anónimos que la corrección política insiste en entroncar con nuestros antepasados. Bruckner llamó a este fenómeno «tiranía de la penitencia» y Glucksmann en «Occidente contra Occidente» destacó que los indignados jamás aplican la misma valoración moral cuando enjuician culturas no occidentales. En esos casos, impera un relativismo moral que acepta hoy en Afganistán lo que no tolera hace siglos en Perú.

Los censurados son en gran parte personas que lucharon por lo que hoy llamaríamos «derechos humanos». El actual Derecho Internacional es una creación española de la Escuela de Salamanca que pretende humanizar la conquista, impidiendo la arbitrariedad que anida cuando no existen leyes. Carlos V promovió la «Controversia de Valladolid» entre Las Casas y Sepúlveda y apoyó las tesis de Las Casas contrarias a la argumentación más «militarista» de Sepúlveda. Hanke, biógrafo de Las Casas, afirmó que «por primera y última vez un imperio organizó oficialmente una investigación sobre la justicia de los métodos que empleaba para ampliar sus dominios». En 1542 Carlos V había promulgado las Leyes Nuevas que reiteraban la prohibición la esclavitud, los trabajos forzados y abolían las Encomiendas. Es verdad que no siempre se respetaron esas leyes, pero su mera existencia es una prueba de la vanguardia hispánica en la humanización de la conquista.

Los agresores al patrimonio histórico se asemejan a las actitudes más totalitarias del fundamentalismo, desde la querella iconoclasta del siglo VIII al islamismo del siglo XXI, pasando por la destrucción bolchevique de iglesias o la persecución nazi del «arte degenerado». No digo que sean iguales, pero si creo que manejan las mismas herramientas engrasadas con agravios reales o imaginarios.

Desde una ética cívica no podemos asumir esta violencia. El silencio a veces es complicidad y un reconocimiento de la impotencia del Estado de Derecho. Luther King consiguió más, y en tiempos muy difíciles para los afroamericanos, sin necesidad de incendiar las calles. Los iconoclastas al centrar su furia en la herencia hispana ignorando los excesos de la huella anglosajona están también cayendo en el prejuicio racista.

El legado hispánico en los Estados Unidos es indudable. Un reciente informe del Cervantes confirma que más del 15% de la toponimia norteamericana tiene origen hispánico: California, Texas, Montana o Florida. El 50% de sus Estados tienen condados con nombre español. No es raro si consideramos la presencia española de más de tres siglos en aquel territorio. El indio Jerónimo hablaba español. Desde el Hispanic American College promovemos el hermanamiento de norteamericanos e hispanos, revalorizando nuestro potencial constructivo. Por eso impulsamos el talento hispano dentro y fuera de los Estados Unidos, un país que acoge a 60 millones de hispanoparlantes que son un valioso caudal de creatividad y progreso. Por eso anualmente nuestros New York Summit Awards premian a destacadas personalidades de nuestras comunidades, personas que con esfuerzo, iniciativa, trabajo y amor por sus países -de origen y acogida- han logrado no solamente triunfar y mejorar el mundo sino dignificar el valor de su lengua, su historia y cultura que es la de 500 millones de hispanohablantes en el mundo.

Y con este presente repleto de talentos en donde poco importa el origen creo que lo que debemos hacer es invertir nuestras fuerzas no en derribar estatuas o en hacer listas negras sino en prepararnos lo mejor posible para afrontar los enormes retos que tenemos para seguir construyendo ese futuro mejor que todos queremos para nuestros hijos.

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Fernando Navarro García es Director del Hispanic American College

 

FUENTE: ABC (LINK)

 

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